

Tomado prestado del libro “Atlas Shrugged” por Ayn Rand, gracias al amigo Raúl Vicens.
“Este ídolo de tu culto de adoración al cero, este símbolo de la impotencia – el dependiente congénito – es tu imagen del hombre y tu criterio de valor, en cuya semejanza te esfuerzas por remodelar tu alma.
“Es sólo humano”, lloriqueas en defensa de cualquier perversión, llegando al nivel de autodegradación en el que intentas que el concepto “humano” signifique el endeble, el necio, el corrupto, el mentiroso, el fracasado, el cobarde, el fraudulento, y desterrar de la raza humana al héroe, al pensador, al productor, al inventor, al fuerte, al decidido, al puro – como si “sentir” fuese humano, pero pensar no; como si fracasar fuese humano, pero tener éxito no; como si la corrupción fuese humana, pero la virtud no – como si la premisa de la muerte fuese apropiada para el hombre, pero la premisa de la vida no”.